Los más activos pidiendo la intervención de la OEA en el caso Honduras, son casualmente quienes más han cuestionado a la organización. Así, el ultimátum que la OEA le ha puesto al gobierno de facto de Honduras para que en tres días devuelva el poder al depuesto Zelaya, tendrá una especie de rebote en Venezuela. Si el ultimátum tiene éxito, probando que la OEA sí sirve para algo, puede lograr que Hugo Chávez archive sus amenazas de salirse del organismo y de paso no vuelva a insultar a su secretario general, José Insulza. Si el ultimátum no tiene éxito, demostrando que la OEA en efecto es un saludo a las banderas de la región, podría permitir que el presidente Chávez cumpla por fin su ya añeja amenaza de abandonar el ente y dedique todos sus esfuerzos a convertir el ALBA en la organización de choque militar que desea y que con los hechos de Honduras, al menos en verbo, ha develado.