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21 de julio de 2007

Una foto con Katiuska Rodríguez

Hay personas cuya historia parece apuntar a la grandeza. Es el caso de Katiuska Rodríguez. Como se puede leer en El Nacional del jueves 19 de julio, Katiuska estudiaba medicina y quería ser roquera, pero decidió ingresar en el Orfeón de la universidad porque a los miembros le entregaban tickets para el comedor univesitario. Entonces, la escucharon quienes debían escucharla y lanzaron su veredicto: Katiuska poseía una tesitura de voz muy extraña, que la convertía en una de las pocas mezzosoprano lírica dramático que hay en la actualidad. En el mes de noviembre estará en Italia, becada para estudiar con Mirella Freni.

Este viernes, tuve la oportunidad de asistir a una cena donde Katiuska cantó algunas arias. Nunca había sentido algo así, la voz de Katiuska se expandía por el jardín de la Alianza Francesa de La Castellana y te arropaba para escucharla no sólo a través de los oídos sino de todo el cuerpo, del pecho, de la espalda, con una fuerza que te retumbaba en el esternón pero con una dulzura capaz de arrullar a un niño.

No sé nada de ópera, pero mi reacción fue ir con Olivia a tomarnos una foto con ella, seguro de que muy pronto solo la veremos si tenemos oportunidad de ir a los teatros más famosos de Europa y Estados Unidos. Se me antoja que lo mismo que sentí este viernes lo debieron sentir aquéllos que tuvieron la oportunidad de escuchar a un joven llamado Plácido Domingo. No sé si haya gente que tenga fotos junto a Domingo cuando no era famoso, pero aquí está la mía junto a Katiuska Rodríguez, seguro de que a la vuelta de un par de años la seguiré exhibiendo para envidia de todos.



2 comentarios:

Héctor dijo...

Estos post me producen una felicidad tremenda. A mí me encantan esas historias. Además, que está muy bien contada. Me gustaría cazar esas historias y poder hacer un blog con ellas. Saludos.

Luis Alejandro Ordóñez dijo...

Héctor, buena idea, deberías hacer ese blog. Y a Katiuska, de verdad que tienes que escucharla, es una cantante única.