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7 de diciembre de 2009

George Clooney en el aire


Hay algo que no termina de funcionar en Up in the air, la nueva película de Jason Reitman, y creo que es George Clooney. Mejor dicho, lo que no funciona es la lectura que Reitman y Clooney hicieron del papel que tenía que interpretar un actor al que no le da miedo transformarse para hacer comedia (O brother, where art thou?, The Men who stare at goats) ni mostrarse como un perdedor o como víctima de las circunstancias (Syriana, Michael Clayton, La tormenta perfecta). Pero en Up in the air, el Clooney que nos presentan es el galán seductor, el irresistible, el triunfador, el tipo de persona que uno no quisiera que te informara sobre tu despido. Y ese es justo el oficio del personaje de Clooney: un tipo que viaja más de trescientos días al año yendo de compañía en compañía informándole a la gente que está despedida, mientras acumula millas de viajero con el fin de pertenecer a un exclusivísimo club de pasajeros.
Los dramas que vive el personaje serían más creíbles y más conmovedores si el personaje lo hubiera interpretado alguien estilo el Paul Giamatti de Duets, que de hecho es un personaje que se enfrenta a una encrucijada de vida muy parecida a este de Up in the air.
Creo que la culpa no es de Clooney sino de Reitman, que como director y guionista confundió la labia de su personaje con la de la anterior película donde ejerció el doble rol, Gracias por fumar. Pero en aquella las palabras se utilizaban para convencer a los poderosos de su poder, en esta se usan para decirle a los perdedores que no lo han perdido todo. Si George Clooney es quien te va a decir que tu despido es una oportunidad, por lo menos que se deje el bigote ridículo de los hombres que miran las cabras.

4 comentarios:

Adriana Villanueva dijo...

Hola Luis, acabo de ver Up in the air y la disfruté mucho, difiero de tu propuesta de casting, de haber sido Paul Giamatti el protagonista, podría haber sido una gran película, pero sería una película distinta. Giamatti es un tipo que da una nota lúgubre, de perdedor por definición, Up in the air habría agarrado por un camino sórdido desde el principio. En el caso de Clooney, como bien dices, es un tipo sobrado, con un encanto particular que podría estar haciendo cualquier cosa en lugar de estar botando gente de sus trabajos en medio de una crisis económica, con semejante charm no se le indica al espectador lo pobre diablo que es el tipo sino hasta el final de la película. No le hace un bigote rídiculo para dar esa sensación parado frente a la pantalla de vuelos en el aeropuerto.
En fin, diferentes lecturas. Por cierto, sigo tu dato y ya busqué a Jason Reitman por Twitter.

Luis Alejandro Ordóñez dijo...

Hola, Adriana, comparto tu punto, el charm de Clooney permite que su especie de quiebre resulte algo sorpresivo. Pero no sé, yo desde el principio me lo vi bien pobre diablo, esa escena de levantarse a la mujer con las tarjetas de clubs de viajeros frecuentes me pareció patética, no desde el punto de vista de la narración sino desde el punto de vista de él y de ella, aunque como ella vivía una doble vida de pronto puedo entender que se dejara atrapar por una high miles club nosequé.
Aunque de todas todas, creo que Reitman es uno de los guionistas con más cosas que decir de la actualidad. Muchos saludos, seguimos conversando

Qx dijo...

La vi, ya puedo venir a leer (cuando publicaste, ahora recuerdo, me salté el post para no saber nada antes).

Me cuesta mucho imaginarme una película con actores distintos a los que vi en ella; lo que sí creo de Up in the Air con Clooney es que puede resultar más patente la caída en desgracia del personaje por estar precisamente afianzada en el público esa imagen de seductor irresistible y triunfador del ex-E.R. y sonrisita ladeada Clooney.

De hecho se ve tan natural dando charlas motivacionales que uno no pensaría en la torta que le dan en la cara al final (y menos mal: casi temí que el tipo se casara y fuera feliz, ja ja ja).

El oficio de botar gente es quizá lo que más me impactó de la peli, de eso quería escribir algo. A ver si me sale allá en mi blog (pienso ahora que por ser algo tan alienado/alienante, el personaje se me salvó de que calificara como cliché la escena que mencionas de las tarjetas, casi le concedí que se estaba burlando de su propia banalidad...)

Un abrazo, Luis, siempre gano leyéndote.

Luis Alejandro Ordóñez dijo...

Hola José Enrique, gracias por aceptar la invitación a hablar de la peli, que creo que es una película de la que vale la pena hablar.
En Slate comentaron que las compañías de rrhh no suelen tener un cargo como el de Clooney, búscate el artículo, ojalá escribas algo, hace falta que reactives esos blogs.
La verdad, creo que sigue pareciéndome que hay un gran abismo entre la imagen del personaje y el patetismo de la vida, quizás esa era la idea, que él se diera cuenta, pero las razones por las que se da cuenta son muy débiles y por eso mi punto de otro actor, un Clooney no se enamora de su primera Farmiga, sin contar que la Farmiga no le habría dado el teléfono de su casa a Clooney teniendo esposo e hijo. Seguimos hablando, muchos saludos