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8 de noviembre de 2010

De la simpatía del buen librero

Los buenos libreros trabajan en las arenas movedizas de quien tiene que hacer dinero del objeto más preciado. Por eso, un buen librero nunca está de buen humor. Recomendar un libro y en última instancia venderlo, es para el librero una pequeña traición a sí mismo, pues ese libro estaba en los anaqueles por una razón especial y en el tiempo que permaneció ahí el librero desarrolló un cariño por ese volumen que hace de cada venta una pérdida irreparable.
Si al comprar un libro, el librero no te lo entrega en una bolsa sino que te lo lanza por la cabeza, no huyas despavorido ni denuncies el lugar en algún foro de clientes descontentos. Todo lo contrario, acabas de encontrar una librería a la que tienes forzosamente que volver.

2 comentarios:

Karla Pravia Álvarez dijo...

Jejeje esto me reconcilia con cierta mala experiencia que tuve en una librería.

Saludos!

Luis Alejandro Ordóñez dijo...

yo siempre termino perdonando a los libreros no importa lo malencarados que puedan ser. Seguimos leyéndonos, saludos.