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14 de noviembre de 2009

Radio Pirata


Richard Curtis es un cineasta efectista. Por eso su galeria de momentos, de instantes, de golpes de efecto es amplia. Para nombrar unos pocos, el discurso de Bridget en la presentación del libro en El Diario de Bridget Jones, la escena donde el personaje de Emma Thompson recibe el regalo de navidad de su marido en Love Actually, los bailes en las bodas de Cuatro bodas y un funeral, entre tantos otros. Por ese efectismo, también sus bandas sonoras suelen pecar de obvias y con ello de efectivas. Curtis, a pesar de lo efectista suele ser efectivo. Su leit motiv como escritor y director es el optimismo. A través de sus historias de amistad, amor y vida en pareja, intenta mostrarnos las pequeñas cosas que hacen de la vida una cosa maravillosa. Y suele lograr su cometido, al menos conmigo. De sus películas, yo suelo salir de buen humor y con ganas de disfrutar.
No fue diferente con Pirate Radio, su nueva película, donde recrea el día a día de una de tantas radios piratas que desde barcos anclados en el Mar del Norte transmitían la música que los ingleses querían escuchar y que el gobierno británico prohibía: el rock 'n' roll de los Beatles, los Stones, los Who y tantos otros.
Con un soundtrack sin pretensiones de redescubrir canciones olvidadas; sin grandes actuaciones, con unos Philip Seymour Hoffman, Bill Nighy y Rhys Ifans un tanto repetidos y un Kenneth Branagh bufonesco; y sin un drama o búsqueda que realmente mantenga a flote al barco, Pirate Radio suma varios momentos a la galería de Curtis (Spoiler alert, saltarse el paréntesis: la escena de la taza de chocolate, la de la confesión de paternidad, la del rescate de los discos en el agua) y cumple con el cometido principal del cineasta: mostrarnos que el rock 'n' roll ha sido y es parte de esas pequeñas cosas que hacen la vida maravillosa. No sé si hacía falta una película para convencernos de eso; ni siquiera creo que hacía falta convencernos de ello, pero del cine salí como siempre salgo de las películas de Curtis, de buen humor y con ganas de escuchar unos cuantos discos clásicos del rock, qué más quiere uno de una película.

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