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10 de abril de 2009

El libro se parece más al LP que al cassette

Dos formatos desplazados, uno desapareció para siempre, el otro estuvo en coma pero se recuperó, si bien no para volver al sitial que tenía sí para tener una vida larga y hasta más apreciada. Pero es fácil darse cuenta por qué el cassette no pudo sobrevivir al quemador de CDs y el LP sí al CD y al MP3. Nadie ponía demasiado empeño en cuidar sus cassettes, las cajas se partían, se grababan y se regrababan, se les auguraba una corta vida porque en el momento menos pensado la cinta se enredaba con los cabezales y adiós cassetico. Y por si fuera poco, grabar era un proceso tan fastidioso que ni siquiera Nick Hornby en Alta fidelidad pudo llenar de nostalgia. En cambio, escuchar música en LPs era una experiencia multimedia que comenzaba viendo la carátula. Hubo carátulas que fueron auténticas obras de arte y que mencionar aquí sería correr el riesgo de cometer olvidos imperdonables. Pero también el olor del disco, del plástico y del cartón, la piel que se erizaba con la estática, limpiarlo con el trapito adecuado, ponerlo en el tocadiscos y cuidadosamente dejar que la aguja comenzara a deslizarse por los surcos. Sólo después de un ritual largo y personal es que por fin intervenía el sentido para el cual el disco estaba hecho, y la experiencia de escucharlo variaba de aparato a aparato como varía la luz de una vela a otra, porque cada aguja, cada pequeña imperfección sobre la superficie del disco, producía sonidos únicos que lejos de estropear la música le daban una calidez que fue lo primero que se perdió con la música digital.
Todos cambiamos al disco digital, algunos más inteligentes que otros conservaron sus tocadiscos y sus LPs y hoy están disfrutando con esa especie de 'se los dije' que significa cada LP que sale con más canciones que el CD y cada edición especial solo disponible en LP que están editando las mejores bandas y artistas del momento.
El LP se parece un poco al libro, porque leer está lleno de ritos, incluso mayores que los que acompañaban al LP. Leer también es una experiencia multisensorial. Y poseer una biblioteca es a la vez un reto y un trofeo, reto por todos los libros que puede haber en ella que todavía no se han leído, trofeo por todos los libros leídos. Así como nadie presume de las canciones que tiene en su ipod sino de la cantidad de canciones que le caben a su ipod, nadie presumirá de su biblioteca digital sino de su lector de libros digitales. En la dictadura del soporte masivo, solo los soportes realmente queridos podrán sobrevivir. Por eso sobrevivió el LP y no el cassette. Por eso sobrevivirá el libro.

8 comentarios:

Trescaídas dijo...

Muy bueno, Luís... y a mí un poquito de nostalgia del casette sí consiguió provocarme John Cusack (si es que se escribe así), ese divertido neurótico, en la versión cinematográfica de la novela de Hornby. Hacer un programa de radio en la era del casette era una experiencia totalmente diferente a la de hoy: poner el material "en punta", identificar el lado correcto... Había más adrenalina ahí.
Un abrazo.

nano dijo...

.:.

que grande tema... es verdad, el rito, las emociones que quedan...

al final de tanta tecnología somos humanos... no hay que dejarla atrás (como lo hacen algunos) pero tampoco hay que ser dependientes de ella (como lo hacen la mayoría) hay que tratar de ser equilibrados...

es bueno tener libros digitales, es mas económico, pero nunca como tener una biblioteca, tu biblioteca, así ellas (las bibliotecas) se harán mas especiales, se cargarán de emociones, se harán más cálidas...

cool...

.:.

Luis Alejandro Ordóñez dijo...

Hola Trescaídas,
Ahora que lo pienso, me gustó mucho más la película que el libro, creo que ahí en efecto provocaba sentarse a grabar un cassette. Un gran saludo, qué bueno leerte, tenías abandonado Plomo Negro. Muchos saludos

Luis Alejandro Ordóñez dijo...

Nano, es completamente cierto lo que dices, sin renunciar y sin depender, hoy por hoy lograr la justa medida, el medio que tanto obsesionaba a Aristóteles, parece más importante que nunca.
No renunciaré a mi biblioteca, la seguiré alimentando con devoción, pero sin duda tarde o temprano tendré el doble de libros digitales que de volúmenes en papel.
Gracias por tu visita, saludos

Qx dijo...

Luis, me recordaste la pila de elepés que reposan en algún closet atestado en casa de mi mamá; todos los que fui reemplazando por sus gemelos en CD y todos los que "llegaron hasta ahí". Pero también me recordaste algunas ceremonias y rituales asociados a ellos:

- Abrir el celofán del LP frotando el canto de la carátula contra la pernera del jean.

- Descubrir maravillado que un disco nacional traía dentro la hoja de las letras de las canciones.

- Los LP importados, más rígidos y caros: mientras los nacionales costaban 28, 35 o 40, aquellos montaban en ¡65! bolívares.

- La habilidad de levantar la aguja del plato sin provocar el ruido de "raspado", y colocarla exactamente en el inicio de una canción, para escucharla o soltar el "Pause" del grabador.

- El modo de revisar los anaqueles de discos en las tiendas, moviendo los dedos índice y medio a modo de "mano caminando" para pasarlos rápidamente.

Pero también los cassettes generaron su montón de actos ahora recordados con un poquito de nostalgia:

- Por supuesto, la práctica de retrocederlos a mano, con un lapicero en uno de los carretes y dándoles vueltas a modo de matraca.

- Reordenar las canciones en la grabación para aprovechar al máximo la duración de la cinta por los lados A y B.

- Juzgar "a ojo", viendo los carretes de cinta transcurrida y faltante, si la canción que se estaba grabando iba a caber antes de que los botones de grabación saltaran al final de cada lado.

- Escribir las listas de canciones en el "cartoncito" del cassette, para mí siempre un arte. Escoger el Rottring adecuado, no equivocarse al escribir, hacerlo con una letra "arrecha"...

- Meterle al cassette un taquito de papel o cualquier material, a falta de cellotep, allí donde la pestañita rota impedía grabar.

* * *

Supongo que cada tecnología deja atrás sus defensores, sus ventajas únicas, sus historias. La forma —el cuarto oscuro y sus bandejas de químicos, los ficheros, los barcos a vela— es parte integral de la experiencia humana tanto como la función —fijar imágenes, clasificar información, cruzar un mar.

Lo bonito de algunas de esas tecnologías es que son tan simples —caracteres impresos sobre un soporte, el precioso libro— que por más adelantos tecnológicos que ocurran, siempre se puede volver a ellas.

Dicho esto, ojalá mi mamá no lo lea para que no me exija que vuelva: vuelva a casa a sacar de ella la pila de discos.

Saludos, siempre grato leerte.

Luis Alejandro Ordóñez dijo...

Quiquex, muchas gracias por tu comentario. Entre tú y Trescaídas me han puesto a replantearme mi desdén por los cassettes. Yo insisto en que tarde o temprano volveremos al LP y serás tú de motu propio el que irá a recuperar los viejos acetatos. Tienes toda la razón, el éxito del libro, y su magia, radica en buena parte en su sencillez como mecanismo. Mucho se habla de la ventaja de los lectores de libros digitales a la hora de mudarse y no tenerle que dejar la biblioteca a la mamá, pero pocos mencionan la posibilidad de perder la biblioteca entera porque se murió el disco duro o por un virus o porque el lector se te cayó bajándote del autobús.
Seguimos en contacto, un gran saludo

Anónimo dijo...

En Altamira pintaban en la cueva.
Los mandamientos los escribieron en piedra.
Los egipcios escribian en papiros.
Hasta Gutenberg los libros se copiaban a mano y que yo sepa actualmente nadie copia un libro entero a mano.
La idea no es el medio y el medio no es lo realmente importante.
Para viajar antiguamente se viajaba en carro o caballo, pero ahora no se utiliza ese medio de transporte y el resultado es el mismo (desplazarse de un lugar a otro), pero a mayor velocidad y mas comodamente.
Con los libros pasara lo mismo, lo importante no sera como leas, en que soporte, si no el contenido de las ideas que tiene el libro.
Por supuesto que se mantendran los libros en soporte papel durante un tiempo y en ferias y exposiciones se venderan libros antiguos que posiblemente alcancen precios altos.

Pero los libros realmente de consumo seran en soporte digital. Actualmente desde que existe el ordenador casi nadie utiliza la maquina de escribir para realizar un trabajo, etc. Se ha convertido en algo totalmente residual. Pues con los libros pasara lo mismo.

Dependera sobre todo de la calidad de los soportes y del precio amigos que estamos en crisis.

Luis Alejandro Ordóñez dijo...

Del precio del soporte sin duda, hemos venido hablando de eso, a 400 dólares el Kindle muchos son los que prefieren pasar de largo, sobre todo si pueden conseguir el mismo libro en papel y que igual tienen que pagar por la descarga.
No sé si solo dependen de la calidad de los soportes, también de la expectativa que tengamos, de las necesidades que querramos. Si bien suena una gran cosa tener todas tus canciones todo el tiempo contigo, no pareciera demasiado útil tener todos tus libros todo el tiempo contigo.
Con las nuevas tecnologías ha pasado más frecuentemente que se añaden complementándose que el hecho de sustituirse. Qué nos da el libro electrónico que el libro no es capaz, y viceversa, será clave para determinar cuánta convivencia o cuánto desplazamiento hay en el futuro.
Si bien la literatura en general tiene pinta de que se llevará muy bien con los soportes digitales, hay otra clase de libros que todavía lucen años luz de poder ser hechos en digital eficazmente, desde los cómics hasta libros que hacen del formato, de la textura del papel y del diseño parte indivisible de su discurso, no pareciera que la uniformidad del kindle y otros lectores les estén ofreciendo demasiada versatilidad a ese tipo de libros.