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27 de junio de 2010

Inglaterra sufre menos por la injusticia que por la falta de fútbol

Inglaterra está en horas bajas, muy bajas. Su centro del campo no produce, su delantera sólo puede pelear ante la falta de balones claros y su defensa se va de vacaciones y no regresa. Con todo y eso, por unos veinte minutos pareció que Inglaterra podía plantarle cara a Alemania: con el partido ya 2-0, Inglaterra subió a la desesperada, produjo un fallo del portero alemán en un córner para el primer gol y luego vino la polémica. Lampard chutó, el balón dio en el poste, entró, rebotó de nuevo al poste y salió, pero ni el árbitro, ni el línea ni la FIFA con toda su indiferencia para enfrentar el problema del arbitraje indefenso frente a la tecnología y extensiva cobertura audiovisual, no vieron lo que el resto del mundo vio: que Inglaterra empató el partido. Con más ganas y pundonor que ideas, Inglaterra enredó a Alemania en un primer tiempo frenético, que pareció para cualquiera y que por momentos dio la impresión que se haría justicia e Inglaterra voltearía el resultado. Pero llegó el segundo tiempo, Alemania enfrió la cabeza e Inglaterra hizo lo que mejor sabe hacer: perdió la disciplina y en un contragolpe que vino desde una pelota parada, Alemania metió el tercero, sacó mentalmente a Inglaterra del torneo y dejó todo sentado para el cuarto y para meterse en la siguiente fase.

El resultado está sucio. Nunca es lo mismo jugar 2-2 que 2-1, sobre todo por el avance del reloj. Que el juego haya terminado 4-1 no significa que el fallo del arbitraje perdió trascendencia. El pase de Alemania a cuartos es tan cuestionable como lo fue en su momento la clasificación de Francia al mundial. Con tanta tecnología disponible no hay derecho que el transitar de un equipo por la copa reciba semejante mancha.

Inglaterra comete errores infantiles. Los tres primeros goles de Alemania son fallos de posición de la defensa inglesa. Los laterales Cole y Johnson suben y no vuelven y descolocan a los centrales. Por momentos, Inglaterra lució la defensa de Camerún o de Dinamarca, y con todo un Capello en el banquillo. Triste.

Alemania por momentos perdió el orden y eso no le costó el partido pero sí le ensució su mundial. Una máquina de triturar al contrario, Alemania hizo gol con los claros errores de la zaga inglesa. El funcionamiento de esta Alemania a ratos recuerda al de las grandes selecciones germanas de la historia. Pero también se desconcentra, presenta lagunas extrañas a la tradición alemana y por ahí fue que creció Inglaterra, hasta la inocentada del tercer gol.

Klose llega a doce goles en su cuenta particular en la historia de los mundiales. Está a tres del máximo goleador en los mundiales, Ronaldo, y al menos tiene un partido más para aumentar su cuenta.

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